Sin una rueda
Me topé con alguien familiar
Ayer vi a un tío deambular por un trozo de pradera en un parque de la ciudad. Tenía una maleta de ruedas mal cerrada y medio vacía. Desplegó en el césped una camiseta roja y un pantalón beige, perfectamente colocados. Se distanciaba unos metros y volvía pensativo para observar que las dos prendas seguían ahí, perfectamente colocadas. Allí estaba todo lo que poseía.
Media melena gris, gafas de pasta, aire de despistado o de perdido en esta ciudad que no te perdona nada. Te echa y te devuelve constantemente. Te mata pero no te remata del todo para que sigas dándole una oportunidad que nunca llega. Godot se ha ido a por tabaco.
Este hombre, que rondaba los 50 y algo, llevaba los zapatos sin atar, los cordones bailando al son de sus pasos. Se terminó sacando el calzado para sentarse en el césped y otear (nunca había usado este verbo) el horizonte. Allí estaba yo, frente a él. Me veía reflejado. No reparó en mí.
Yo podría ser él, pensé. Un día te quedas fuera del sistema y desaparece todo dios. Hantavirus mon amour. Si eres hijo único, tus padres han muerto y tus amigos se han esfumado… de repente te ves en un jardín con una maleta de ruedas a la que le falta una rueda como a ti un tornillo, o dos.
El hombre le pidió a una chica que estaba a punto de sentarse cerca de él que le sacara una foto con sus pertenencias. Que se vea todo, le dijo. La joven puso cara de póker pero accedió. Tras hacerle la foto se sentó mucho más lejos de donde se iba a sentar. Le miró desde la distancia haciendo muecas, expresándole al universo que no entendía nada ¿Quién es este pájaro? Otro apestado más Ya te lo digo yo. Le echaron o le fueron del trabajo y se quedó en el puto limbo. El limbo del subsidio que no te da para vivir ni para morir.
Este señor de pelo gris lacio seguramente tenía hace un tiempo un trabajo “normal” y pagaba un alquiler accesible o algo parecido. No se podía permitir unas vacaciones en Suances o en Argamasilla de Alba, ni siquiera una pizza con amigos los fines de semana, pero tenía Filmin (9,95€ al mes) y libros en casa, muchos y dos geranios que regar. No se los ha traído.
Se ha quedado traspapelado. Buscar trabajo en este país te regala ese tamiz de pordiosero, de tener que retorcer la boina en la mano y ver que todo el mundo sale por patas. Casa Patas. Si te he visto no me acuerdo o me acuerdo pero me cruzo de acera. La calle es suya. Algo habrá hecho mal para no tener trabajo. Que trabaje de lo que sea. Que se esfuerce más. Que se pire.
Un día te levantas y el dinosaurio no está allí. Un día te levantas y no sabes atarte los calcetines. Un día te levantas y nadie te pregunta cómo estás para que no les pidas un lecho, un techo y una sopa de helecho que llevarte a la boca. Hueles a SEPE, apestas a lo que fui y ya no soy. Aunque seas siete veces más sabio que cuando te idolatraban y te pedían favores.
La gente no quiere saber, no quiere penas. Qué hay de lo suyo, eso sí. No me des la barrila. Bastante jodido ya está el mundo como para reparar en un tío que deambula por la ciudad con una maleta de ruedas sin una rueda, con la mirada perdida. Hazme una foto. Háztela tú. No te jodesss.
Me fui de allí de puntillas y me metí en el cine a ver una peli palestina (Todo lo que fuimos). Seguíamos para bingo. Jaffa 1948, no te digo más.
Salí del cine y quise abrazar a un 74 (un bus) que pasaba por allí, pero no me atreví. Tengo deudas que pagar. Paga lo que debes. Toma chocolate.
Este finde estrenan una peli que quiero ver y de momento mi maleta de ruedas tiene todas las ruedas. Lo de mi tornillo no estoy tan seguro. Se desenrosca hacia la izquierda, imagínate dónde estará.

